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Nuestro Apostolado y Espiritualidad

  • Nuestro Apostolado tiene como fin: la gloria de Dios.
    Cuando fuimos bautizados, Dios Padre selló una Alianza de Amor con cada uno de nosotros. Por el Bautismo nos hizo sus hijos; y nosotros, a través de María, queremos responder conscientes y libremente al llamado de nuestro Padre Dios, y así vamos santificando nuestras vidas mediante la oración y la colaboración activa con la Iglesia, poniéndonos a disposición del Cura Párroco para ayudar en la evangelización.Parroquia Nuestra Señora del Socorro - San Pedro

    Dijo Jesús a sus Apóstoles en su última despedida:
    “Id por el mundo y predicad el Evangelio a todas las criaturas” (Mc. 16,15).

    Ésta fue su última voluntad, su Testamento; y ésta es la misión del cristiano.
    Por eso, dando cumplimiento a esta voluntad, vamos de casa en casa llevando la Palabra a todos los hombres y familias que la quieran recibir.
    Pretendemos ser un Apóstol de Jesús y hemos tomado conciencia de que el trabajo es mucho y los obreros muy pocos.
    Al tener el Apostolado incorporado a la vida diaria, estemos donde estemos, siempre tenemos algo para hacer o decir.
    Llevamos en nosotras un mensaje de esperanza. Damos a conocer los Sacramentos e informamos la forma de recibirlos.

    Mostramos las bondades del Corazón de Jesús: si es posible les proponemos entronizar su imagen.
    Las familias encuentran en Él, su salvación y animándose unos a otros, avivan la fe para no desfallecer frente a las dificultades.
    Les insinuamos escuchar la Santa Misa: hacemos lo imposible para acercarlos a la Iglesia.
    Contamos, para el consuelo y la conversión, con la influencia maternal de la Virgen María, que cobijados en Ella nos sentimos sus hijos.
    Tenemos, como todo grupo, problemas propios del servicio pero, el espíritu de amor con que hacemos las cosas; los disipa.
    Está presente en nosotras este párrafo:
    “En esto conocerán que sois discípulos míos: en que os amáis unos a otros” (Jn. 13,35).

    Mantenemos viva la caridad y la disponibilidad en cuanto a colaborar con otras Pastorales afines; guardando y respetando los tiempos de cada uno.

  • En cuanto a la espiritualidad, es nuestro anhelo poder imitar las Virtudes de la Virgen María: su profunda humildad, su ternura angelical, su pureza y su amor a Dios que, entregándose totalmente se mantuvo siempre de pie: Ella es el signo de la Victoria Pascual.

    Somos conscientes de que somos instrumentos en sus manos; Ella resuelve las situaciones difíciles, ya sean grandes o pequeñas, y es así como vemos obrar milagros de Gracias en nuestras familias y en nuestro ambiente.

    Las Misioneras nos hacemos eco de las palabras de María, dirigidas a Jesús en las Bodas de Caná:
    “Hagan todo lo que Él les diga” …
    y así, caminando con Ella de casa en casa, vemos cómo conduce a la Iglesia y a todos los hombres hacia Cristo, la Fuente de la Gracia; y nosotras, orgullosas de presentarla como Hija, Esposa, Madre y Medianera de todas las Gracias, la coronamos Reina de todos los Corazones.